sábado, 27 de mayo de 2017

¿Para qué ahora?

     Por una tan extraña como lógica paradoja la pena de muerte se convierte en el principal alegato contra ella misma. Este deleznable asesinato legal es, en casos como el que nos ocupa, la más clara demostración de su inutilidad. 
     - ¡A veces!
     - Vale, a veces.
     75 años de edad tenía el hombre, setenta y cinco. El asesinato es de 1982 y además de que se declaraba inocente (por supuesto, ya lo sabemos ¿y si era cierto?) debemos pensar que llevaba cumpliendo 35 años, treinta y cinco repito, de cárcel. No creo que lo hayan soltado a la espera de saber qué hacían con él.
     - "Soy Thomas Arthur y aquí estoy para lo que gusten mandar" se presentaría él ante las autoridades que portaban una jeringuilla. No, no habría acudido a esa cita. Pues después de todo esto y de siete intentos de detener este crimen, ahora lo mataron. ¿Ahora?
     Por lo tanto y al igual que aquel pescador que cogió una sirena le preguntaron por qué y respondió "¿Por dónde?" nosotros debemos preguntarnos:
     ¿Por qué? ¿Para qué?

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